La canción de Fancundo Cabral

Me gustan los que se callan
y me gustan los que cantan
y de tanto andar conmigo
me gusta lo que me pasa.
Me pasan cosas como ésta,
aunque no tenga importancia
andar contándole a todos...
todas las cosas que me pasan.

Porque uno no vive solo
y lo que a uno le pasa
le está sucediendo al mundo,
única razón, y causa,
pues todito es tan perfecto
porque perfecto es Dios,
que se mueve alguna estrella
cuando arranca una flor,
por eso si hay uno, hay dos.

Supe del diablo
la noche que al hambriento dije "no"
y también esa noche
supe que el diablo es hijo de Dios.
Ando solo por la vida con un tono
y dominante modestamente cantoso
y pretensión de enseñar,
porque si el mundo es redondo...
no sé que es ir adelante.

Andar y andar, siempre andando,
nada más que por andar.
No vine a explicar al mundo,
sólo vine a tocar.
No quiero juzgar al hombre,
al hombre quiero contar.
Mi condición es la vida y mi camino,
cantar ¡cantar!
y contar la vida,
es mi manera de andar.

Un día llegué a Tandil
y conocí a un anciano
que a falta de inteligencia
se le dio por ser muy sabio,
le pregunté por Jesús,
una noche al lindo viejo,
y ahí mismo lo conocí,
cuando me alcanzó un espejo.

Yo bailo con mi canción
y no con la que me tocan,
yo no soy la libertad,
pero sí el que la provoca.
Si ya conozco el camino
para que voy a andar acostado,
si la libertad me gusta
para que voy a vivir de esclavo.
¡Elegir...!
yo siempre elijo más que por mí,
por mi hermano
y si he elegido ser águila
fue por amor al gusano.

Prefiero seguir a pie
y no en caballo prestado,
alguien por una manzana...
para siempre quedó endeudado.
Siempre se llega primero
el que va más descargado.
El día que yo me muera
no habrá que usar la balanza
pues para velar a un cantor,
con una milonga... alcanza.

Doy la cara al enemigo,
la espalda al buen comentario,
porque el que acepta un halago
empieza a ser dominado.
El hombre le hace caricias al caballo,
para montarlo.

Perdón si me propasé y me puse moralejo,
nadie puede dar consejos,
no hay hombre que sea tan viejo.
Me pongo el sol al hombro y el mundo es amarillo.
Me gusta andar, pero no sigo el camino
pues lo seguro ya no tiene misterio.
Me gusta ir con el verano muy lejos,
pero volver donde mi madre en invierno
y ver los perros que jamás me olvidaron
y los caballos
y los abrazos que me dan mis hermanos,
me gusta,
me gusta,
me gusta...

NO SOY DE AQUÍ

Me gusta el sol, Alicia y las palomas
el buen cigarro y la guitarra española
saltar paredes y abrir las ventanas
y cuando llora un mujer

Me gusta el vino tanto como las flores
y los conejos y los viejos pastores
el pan casero y la voz de Dolores
y el mar mojándome los pies

No soy de aquí, ni soy de allá
no tengo edad, ni porvenir
y ser feliz es mi color de identidad

Me gusta estar tirado siempre en la arena
o en bicicleta perseguir a Manuela
o todo el tiempo para ver las estrellas
con la María en el trigal

No soy de aquí, ni soy de allá
no tengo edad, ni porvenir
y ser feliz es mi color de identidad

(...)
Facundo Cabral