Nueve Declaraciones del Milagro de Mazarrón

COPIA DEL EXPEDIENTE DE INFORMACION DEL MILAGRO 1585

( SEGUN EL ORIGINAL QUE OBRABA EN EL ARCHIVO DEL AYUNTAMIENTO)

 

AUTO.—En la villa de Almazarrón, a diecisiete días de el mes de No­viembre de mil quientos ochenta y cinco años; El Ilustre Señor, el Capitán Ginés Perez de Burgos, Regente de Vara de Alcalde, por el Señor Juan de Zamora Vivancos, Alcalde de esta Villa, dijo: quqe siendo las doce horas del día, la Reina de los Angeles Madre de Dios Virgen María de la advocación de la limpísima Concepción, por su Imagen que está en el Hos­pital de esta Villa, cuya cofradía está en la dicha casa, ha querido nuestro Señor mostrarnos como por los ruegos e interseciones de su legitima Ma­dre, habernos sido librados milagrosamente de las manos de tantos enemi­gos moros que esta noche pasada han estado tan cerca como se ha viste estar, por experiencia, los rastros nos lo enseña que solo fuera poderoso de nos librar de sus perversas manos Nuestro Señor Jesucristo por Divi­na Misericordia y ruegos e interseciones de la siempre sin Mancha Virgen María, para que los devotos sus hijos, no entendamos que en otra virtud fuimos librados del dicho peligro y perpetuo cautiverio, y que esta Villa fuera asolada y sus divinos templos profanados; nos lo ha mostrado visi­ble y palpablemente en haber hecho tan grande Milagro como se ha mos­trado en el rostro de la dicha Imagen de la Concepción, sudando gotas de agua visibles; y haberse encendido la lámpara sin la haber encendido nadie y manar aceite de ella en abundancia; y para averiguación de ello hizo la información siguiente:

 

 

PRIMERA DECLARACION

Para la dicha información el dicho Señor Alcalde, hizo parecer ante sí a Patricia Lara, vecina de esta villa, Mujer de Gaspar Martínez, hospi­talera de la casa y Hospital de Nuestra Señora de la Concepción; de la que su Merced recibió juramento en forma de derecho y habiéndolo fecho preguntado por el caso dijo: que esta mañana que se contaron diecisiete de este mes de Noviembre de el presente año de mil quinientos ochenta y cinco, esta testigo vido la Lámpara que está en la Capilla de Nuestra Señora de la Concepción, estaba cerrada con la llave, que la había cerrado, Gaspar Martínez, su marido de esta testigo, anoche, que sería más dé dos horas de la noche, y nunca más se abrió hasta casi a medio día, y que tiene de costumbre de hechar en la noche una cuarta de aceite en la Lámpara y que ansí hicieron anoche, y esta mañana cuando la gente salía de misa poco antes de medio día su hija de esta testigo, le dijo a esta tes­tigo, como la Lámpara estaba encendida, y esta testigo y otros que estaban en el Hospital, entraron en la dicha Iglesia y vieron como la dicha Lam­para estaba encendida, que esta testigo se espantó y antes que saliese de el Hospital y entrasen en la Iglesia, sonó un grande golpe y al dicho golpe y a lo que la hija de esta testigo vido acudió esta testigo; como dicho tiene, en los demás a la dicha Iglesia, y vieron como la Lámpara estaba ENCENDIDA y la puerta de la reja de la Capilla donde está la dicha Ima­gen de Nuestra Señora y la Lámpara, estaba cerrada con la llave como su Marido la dejó; y esta testigo y demás llegaron a la Reja y vieron como la Lámpara que estaba dentro de la Capilla goteaba aceite y caía en el plato; y ansí, por ver que siempre que antes de amanecer suele estar la dicha Lámpara muerta y entendió que era verdaderamente Milagro que la Madre de Dios hacía; y vino el Padre Ginés de Cifuentes, Beneficiario de San An­tonio, donde es sufraganea esta Iglesia y Hospital y entró dentro de la Capilla, porque hasta entonces no se había habierto y estaba cerrada como su Marido la dejó y ansí, luego vino Ginés Perez Monzón, Mayordomo de la Cofradía de el dicho Hospital y entró dentro; y ansí como vieron vieron esta testigo y otras muchas gentes que había allí acudido, el Milagro tan grande, miraron a la Virgen y le vieron el rostro lleno de gotas de agua, y sin cesar de sudar, y ansí todos entrando y dando gracias a su Divina Madre; Vido esta testigo como se juntó todo el pueblo, y le duró a la imagen de Nuestra Señora de la Concepción las dichas gotas de sudor gran rato y lle­garon allí los Curas de las Iglesias Parroquiales de esta Villa, que es el Padre Ginés de Cifuentes y el Padre Bartolomé de la Parra, y con sus manos tomaron de el agua de el rostro de la Imagen de Nuestra Señora, lo ponían en los ojos a los que estaban presentes, y esto duró una hora poco más o menos y esta es la verdad y lo que sabe por el juramento fecho, y que de edad de treinta años, poco más o menos, no firmó porque dijo no sabía firmó el Señor Alcalde.—Ginés Pérez de Burgos.—Ante mí.—Jorge dé Es­cobar».

 

SEGUNDA DECLARACION

Para la dicha información dicho Señor Alcalde hizo parecer ante mí a Gaspar Martínez, vecino de esta Villa, hospitalero en el Hospital de Nues­tra Señora de la Concepción, de el cual tomó e recibió juramento en forma de derecho y habiéndolo fecho y siendo preguntado por el caso—dijo, que anoche Sábado en la noche que se contaron 16 de este presente mes, este testigo hecho una cuarta de aceite en la Lámpara que está en la Capilla de Nuestra Señora de la Concepción, Iglesia incorporada con el dicho Hos­pital, que está a cargo de este testigo, y cerró la puerta de la reja con la llave y se acostó y cuando vino a amanecer, halló la lámpara que estaba muerta y ansí se fué a sus negocios, porque cada noche no dura ni puede bastar a toda la noche. Y cuando éste testigo hubo venido a su casa casi a medio día su hija de este testigo entró en el dicho Hospital y le dijo como la Lámpara estaba encendida de que esta testigo se espantó y vino a la dicha iglesia y halló ser ansí, y llegó a la reja de la dicha Capilla y halló cerrada como él dejó de parte de noche, y asín miró y vido como la Lámpara ver­tía acéite en el plato que estaba debajo de tal manera que en poco rato había en el plato más de dos libras de acéite y ansí como este testigo vido el Milagro subió a llamar a Ginés de Sifuentes, Capellán de esta Iglesia y Cura de San Antonio y vino y habrió la puerta el Mayordomo Ginés Perez de Monzón, y ambos a dos entraron dentro y estuvieron hacia la Igamen de Nuestra Señora de la Concepción y la vieron que sudaba gotas de agua y ansí el dicho Cura tomaba de las dichas gotas y ponía en los ojos a los que estaban allí, y en el rostro de la Imagen duró el agua más de una hora, la cual eran unas gotas como de sudor, y ansí este testigo vido que verda­deramente era Milagro, y esto sabe, y es la verdad por el juramento fecho, y que es de edad de treinta años poco más o menos, y no firmó porque dijo que no sabía, firmó el Señor Alcalde, Ginés Pérez de Burgos.—Ante mí.— Jorge de Escobar».

 

TERCERA DECLARACION

Y el dicho Señor Alcalde para la aberiguación de lo susodicho, tomó e recibió juramento en forma de derecho de Ginés Perez Monzón, y habién­dolo fecho y siendo preguntado por el caso, dijo: que es tal Mayordomo de la Cofradía y Hospital de Nuestra Señora de la Concepción que está en esta villa de Almazarrón; y hoy dicho día que se contaron diez y siete de el dicho mes de Noviembre de este presente año de mil quinientos ochenta y cinco años, oyó tocar la campana de la dicha Iglesia que sería entre las once y las doce del día, luego este testigo entendió que era una de dos cosas, que era muerto un pobre que estaba en el dicho Hospital, o que había sucedido alguna cosa, y ansi vino desde su casa que estaba en Barrio Nuevo, lejos de la dicha Iglesia de más de mil pasos, y ansi cuando llegó halló allí mucha gente arrimada a la reja de la Capilla y dando grandes gol­pes llamando a la Madre de Dios, y asin preguntó este testigo a la gente que allí estaba qué era aquello y le dijeron los que allí estaban que la Lám­para se había encendido sin entrar allí persona alguna y asin se estuvo este testigo fuera de la reja estando la puerta cerrada con la llave, y asin subió a llamar al P. Ginés de Sifuentes, Cura de San Antonio de donde es sufra­gánea dicha Iglesia y venido, este testigo habrió la puerta y entraron él y el dicho Clérigo en la Capilla y vieron como la Lámpara ardía y había en el plato de abajo gran cantidad de aceite que salía de la dicha Lámpara y vertía, y se derramaba por encima en el dicho plato que estaba debajo de la dicha Lámpara y ansí, este testigo hizo llamar al presente Escribano y entró den­tro en la dicha Capilla de Nuestra Señora donde estaba este testigo y el dicho Cura y Clemente García, Sacristán de la dicha Iglesia de el Señor San Antonio y fuera de la reja, grande multitud de hombres y mujeres que es­taban mirando el dicho Milagro, y ansí este testigo lo pedía al presente Es­cribano se lo diera por testimonio, y en este medio este testigo volvió la cara a la Imagen que estaba en el altar de la dicha Capilla que es de la ad­vocación de Nuestra Señora de la Concepción y vido el rostro y cara llena de gotas de agua en agundancia, y dijo a voces: ¡Padre y Escribano! mira mayor Milagro que la Imagen suda! y ansí; en este punto la gente como crecía habrió la puerta de la reja y entraron todos Alcaldes y Francisco Lá­zaro, Escribano y los Gobernadores de los Marqueses y todo el Pueblo acu­dió a ver una cosa tan milagrosa y ansí estuvieron dando gracias y alaban­zas a Nuestra Señora de la Concepción por tanta merced; hasta que se quitó el sudor de rostro, y la gente para tomar de el aceite, tomaron la Lám­para y duró el dicho rostro de la dicha Imagen, una hora grandes, y esto sabe,, y es verdad; por el juramento fecho y que es de edad de más de cua­renta años y firmo.—Ginés Perez de Monzón.—Ante mí.—Jorge de Es­cobar.

 

CUARTA DECLARACION

En la villa de Mazarrón, a diez y ocho días de el mes de Noviembre de mil quinientos ochenta y cinco años para aberiguación de lo ansí dicho, tomó e recibió en forma de derecho juramento, de Clemente García, vecino de esta Villa, Sacristán de la Iglesia1, de San Antonio y habiéndolo fecho y sido preguntado por el caso dijo, que lo que pasó es que en dicho día diez y siete de este presente mes de Noviembre de este presente año de mil quinientos ochenta y cinco, al parecer de este testigo, porque en esta villa no hay Reloj, poco más de medio día, estando en casa Jorge de Escobar, Es­cribano .estando tratando de la Merced que Nuestro Señor Jesucristo había fecho aquesta noche pasada en librar de las manos de los Moros que tan cerca de allí habían llegado sin ser sentidos, oyó tañer la campana de la Iglesia de Nuestra Señora de la Concepción y fue luego allí a ver lo que era y halló ciertas mujeres y algunos hombres arrimados a la reja de la Capilla de dicha Iglesia y la puerta cerrada con la llave, diciendo que se había encendido la Lámpara sin que nadie le pusiere lumbre, y que se salía el aceite por encima, y este testigo miró por la reja y vido como’ la dicha Lám­para estaba encendida y que caían gotas de aceite en el plato que estaba abajo de la dicha Lámpara; y en esto llegó el Padre Ginés de Sifuentes y habiendo el Mayordomo de la dicha casa y Iglesia que es Ginés Perez de Monzón, habierto la puerta de la reja, y entraron este testigo y el dicho Cura Ginés de Sifuentes, Clérigo; y estuvieron mirando la Lámpara como salió abundancia de aceite y caía en el dicho plato de abajo y estando mirándola llegó el presente Escribano y ansí el dicho Cura le mandó abrir la reja y entró dentro; y con él„ el dicho Ginés de Sifuentes y este testigo mirando la Lámpara para que dicho Escribano diera fe de lo que veía, y este testigo se allegó hacia el Altar y vido la Imagen de Nuestra Señora Santa María de la Advocación de la Concepción y la parecía estar el rostro enjuto y bolvió a la Lámpara donde estaban los dos el dicho Cura y el pre­sente Escribano y estando todavía mirando como caía el aceite de la Lám­para en el Plato este testigo corrió a mirar la Imagen y le-pareció que el dicho rostro resplandecía alguna cosa más que de primero, y visto esto se tornó a llegar hacia el altar y miró de propósito, y vido que la dicha Imagen tenía en la frente, sobre los ojos ciertas gotas de agua, y cuando él estuvo satisfecho de ello, bolvió a la Lámpara donde estaban dichos Escribanos y Cura mirando y asió de la capa a el presente Escribano y le dijo: Venga y verá las gotas de agua que la Imagen de Nuestra Señora tiene en la frente; y ansí, fueron todos tres y se arrimaron a el altar, y estándola mirando en la mejilla derecha se hizo otra gota de agua más gruesa que las demás, y otra en el lagrimal de el dicho lado y ojo derecho y algo más grande y más colgada hacia abajo, y por diversas partes del ojo de la dicha Imagen había muchas gotas de el dicho sudor, y algunas de dichas gotas había sobre el pecho de la dicha Imagen, y vido este dicho Padre Ginés de Sifuentes, Clérigo, quitó muchas veces de aquel agua y untaba con ella a diversas gentes que allí estaban, y todavía el rostro de la dicha Imagen estaba moja­do como antes, y después acudió gran número de gentes y entre ellos el Padre Gartolomé de la Parra, Cura de San Andrés, el que hizo muchas ex­periencias en la Lámpara y agua que la dicha Imagen tenía en el rostro per ver si era verdaderamente como parecía y limpió a la Imagen el rostro y estregó con unos corporales y poniéndose en su cara él de aquel agua y ha­biéndose publicado ser ansí milagro, a muchas gentes se les dió el aceite de la dicha Lámpara y antes que se acabare de repartir se ordenó una so­lemne procesión donde se juntó gran número de gente y todas las Cofra­días, y mucha gente con sus armas y se hizo una procesión muy solemne y se fue a todas las Iglesias cantando el «Tedeum laudamus» agradeciendo a Dios las mercedes recibidas, y con esta solemnidad bolvieron a la Iglesia de Nuestra Señora de la Concepción, y acabada la procesión se acabó de repartir todo el aceite de la Lámpara, de el cual llevaban a gota de aceite y pañicos mojados y se ordenó a otro día, siguiente, se dijere una Misa de Nuestra Señora y se dijo y aquella noche siguiente ya muy de noche este testigo oyó tañer otra vez la campana de la dicha Iglesia y fue alia a ver lo que era y halló que había en la dicha Iglesia gran número de mujeres velando y tenían mucha cantidad de velas encendidas, y este testigo le dijo a la Hospitalera, que para que tañía, que alborotaba el Pueblo y ansí, le dijo no tañese más, y esto sabe y es la verdad por el juramento fecho porque lo vido y pasó en su presencia; y que es de edad de treinta años poco más o menos y firmolo.—Clemente García.—Ante mí.—Jorge de Escobar».

 

QUINTA DECLARACION

En la villa de Mazarrón, a diez y nueve días de el mes de Noviembre de mil quinientos ochenta y cinco años, el dicho Señor Alcalde tomó e recibió juramento en forma de derecho a Juan González, Alguacil de esta y habiéndolo fecho y vido preguntado por el caso dijo: que lo que sabe y pasó es, ,que estando este testigo el Domingo que pasó, que se contaron diecisiete dias de este presente mes a la hora de medio día poro mas o menos, porque en esta villa no hay Reloj; estando este testigo en su casa, que quería sentarse a comer, oyó tocar la Campana de Nuestra Señora de la Concepción que está cerca de su casa y fue allí a ver lo que era y halló que dijo la gente; ¿Noves el Milagro que Nuestra Señora hace que estan­do la Lámpara muerta desde esta madrugada y la puerta cerrada de la reja con la llave, arde? y ansí este testigo la vido arder en una lumbre grande mayor que otras veces; y ansí en esto vido ansí mismo como la dicha Lám­para salía y rebosaba por lo alto de ella aceite y goteaba en grande abun­dancia en el plato que estaba debajo de ella, y en esta conyuntura entró en la dicha Iglesia el Padre Ginés de Sifuentes. Cura de la Iglesia del Señor San Antonio de donde es sufragánea de dicha Iglesia de la Concepción y abrieron la reja y entró el dicho Cura y Clemente García, sacristán; y ansí se puso el dicho Cura mirando la Lámpara como corría aceite, y ansí mismo llamó a el presente Escribano el cual vino al cabo de un rato y todavís go­teaba por dos o tres partes la Lámpara en el plato,, y ansí el dicho Cura bol- vió el rostro a la Imagen de Nuestra Señora de la Concepción; y estando ansí empezó a dar voces incándose de rodillas, alabando a Dios y a su ben­dita Madre, y luego él a los que estaban con él dijo: ¿No veis como la imagen de Nuestra Señora suda? y como la puerta de la reja tenía este testigo que no dejaba entrar a nadie, como vido mayor Milagro, saltó la puerta y se fue a el altar, entonces entró la gente toda y este testigo vido que la Imagen de Nuestra Señora de la Concepción tenía muchas gotas de agua en el rostro en especial a la paite derecha que tenía cinco o seis gotas de agua y pedía este testigo a el dicho Cura le untase los ojos con la dicha agua que tenía la dicha Imagen en el rostro; y este testigo vido que en el lagrimal de el lado derecho tenía una gota de dicha agua mas grande que los demás, y que de las gotas que haoía en el dicho rostro corrían por él abajo y hacia el cuello de la dicha Imagen y ansí, vido este testigo que había grandísima multitud de gente que llegaban y tomaban de el aceite de la Lámpara, y se untaban los ojos y cara y cabeza y otras partes; y ansi mismo de las gotas de el agua que estaban en el rostro de dicha Imagen, y dando grandes gritos y pidiendo misericordia y alabando a Nuestra Señora por tantas mercedes como había fecho y hacía a esta Villa y habiéndola librado las noches antes de poder de tantos enemigos Moros, como sin sen­timiento alguno, habían llegado y llegaron a un, tiro de piedra de esta Villa; y vido este testigo que duró el sudor en el rostro de la Imagen de Nuestra Señora de la Concepción una hora y más tiempo, y el aceite duró hasta que entró de golpe la gente y como arremetieron a la dicha Lámpara a tomar de el dicho aceite que estaba en el plato y Lampara que tomaban en vasos, y untaban donde tenían mal y esto duró gran rato y muchas gentes lleva­ban de el aceite para salud, y luego todo el pueblo junto acordaron de hacer una procesión de mucha gente con sus armas, que salía de dicha Igle­sia de la Concepción, y fueron a San Antonio / por calles públicas y a San Andrés y bolvió a la dicha Iglesia donde dieron gracias infinitas a Nuestro Señor y a su Bendita Madre por el grande y claro Milagro que este testigo y el Pueblo todo vieron; y que esto es la verdad y lo que sabe para el jura­mento fecho, y que es de edad de cuarenta y cinco años poco más o menos y firmólo. Juan González de Bienvenido.—Ante mí.—Jorge de Escobar».

 

SEXTA DECLARACION

E luego la dicha información el dicho Señor Alcalde hizo parecer ante sí a Francisco de los Ríos, Médico y Cirujano de esta Villa, vecino de ella de el cual se tomó e recivió juramento en forma de, derecho, y habiéndolo fecho y siendo preguntado por el caso dijo: que el domingo proximo pasado que se contaron diez y siete días del mes presente de Noviembre a la hora de medio día poco mas o menos, que se quería sentar a comer y en esto oyó tocar la campana de la Iglesia de Nuestra Señora de la Concepción y dijo este testigo: ¡Válgame Dios! ¿si es el muerto el enfermo que visité en el hospital? y después dijo a una mujer ¡no puede ser! otra cosa! con­forme yo lo he visto esta mañana; y según se apresuraba la Campana, dijo este testigo: algunos cautivos que han venido! a la Iglesia debe ser, alguna cosa de nuevo hay en la Iglesia de Nuestra Señora de la Concepción, y ansí, se levantó y tomó la Capa, y fue hacia allá y vido que estaba todo el Pueblo en dicha Iglesia dando gracias a Dios Nuestro Señor por tan grande Mila­gro; y ansí, llegó por en medio de la gente con grande trabajo; y miró a el rostro de la Imagen de Nuestra Señora de la Concepción y le vido que en el rostro tenía gotas de agua, y una de ellas que estaba en el lado derecho, en la nariz, una gota grande, y en ella pidió a Cines de Sifuentes, Cura de San Antonio, que estaba delante de la Imagen, deteniendo la gente, tomó con el dedo y quitó aquella gota y untó a este testigo a su petición con ella, y vido; este testigo como la Lámpara ardía y vertía aceite en el plato que estaba debajo de dicha Lámpara,, en abundancia; y de una manera que en el dicho plato de abajo había cantidad de acéite de donde tomaban la gente, y se untaban los ojos y cara y con paños y vasos tomaban de él dicho aceite que duró más de una hora grande; y ansí, vido este testigo que las dichas gotas de agua que la Imagen tenía, en el lado derecho de el rostro muchas gotas de agua; y ansí vido este testigo que estando allí el Padre Ginés de Sifuentes, Cura, llegó ansí mismo el Beneficiado Bartolomé de la Parra, Cura de San Andrés, y pidiendo unos corporales; tocó con ellos a el rostro de la dicha Imagen, y os mostró a la gente mojados de el agua que había en el rostro de la dicha Imagen, que fue mayor confirmación de tan grande Milagro, y haber sucedido una cosa tan milagrosa, como haber llegado los Moros tan cerca de esta Villa y al parecer fueron huyendo sin haber quien les perturbase y porque se hallaban muchas cosas que dejaban los Moros en la huida; y vido este testigo que de el dicho aceite de la Lámpara la gente que era mucha, tomaban de el dicho aceite y se untaban: y este testigo se untó los ojos y rostro, del lo había grande priesa con paños y vasijas llevando de el aceite, y que ansí mismo vido este testigo que se hizo una procesión general solemne de mucha gente de acompañamiento con armas y insignias y cruces de las Cofradías de la Concepción, Sacra­mento y Rosario por las partes públicas de toda la villa yendo a las Iglesias de ella y la dicha procesión salió de la dicha Iglesia, y fue como tiene dicho hasta volver a ella, y que este testigo ha estado mirando de un Milagro tan evidente y dió y ha dado gracias a Dios Nuestro Señor; y que esta es la verdad y lo que sabe y ha visto para el presente fecho, y que es de edad cuarenta años, poco mas o menos y firmólo.—Francisco de los Ríos.— Ante mí.—Jorge de Escobar».

 

SEPTIMA DECLARACION

E luego para la dicha información tuvo a recibir juramento en forma de derecho de Pedro León Rosique, vecino de esta Villa al cual habiendo jurado y siendo preguntado por el caso y habiendo prometido decir la ver­dad en cargo de el juramento fecho y dijo: que estando este testigo dicho día diez y siete de este presente mes de Noviembre de mil quinientos ochenta y cinco años, a la hora del medio día asentado a la mesa para comer, oyó tocar la Campana de la dicha Iglesia de el Hospital de Nuestra Señora de la Concepción y daban voces que había Milagro y que Nuestra Señora lo hacía, y ansí allá este testigo y vido que allí había mucha gente arrimada a la Iglesia dando alabanzas a Dios Nuestro Señor y la puerta de dicha reja estaba cerrada con la llave, y vido como la Lámpara estaba en­cendida, y estaba dentro de la Capilla, la cual tenía la lumbre harto mayor que hasta allí; y vertía aceite de la dicha Lámpara en el plato que estaba abajo, en abundancia, y la puerta de la reja de la dicha Capilla que estaba cerrada, estaba Ginés Perez de Monzón, el Mayordomo de la dicha Iglesia, que no osaba abrir la puerta, y ansi el Mayordomo mandó llamar a Ginés de Sifuentes; Cura de San Antonio, que es la dicha Iglesia aneja a donde el es Cura, y venido que fue ,el dicho Mayordomo habrió la dicha Capilla, y entró el dicho Cura y estuvo mirando y este testigo oyó decir a todos los que allí estaban y al Hospitalero y a su Mujer que la dicha Lámpara había estado muerta desde antes que amaneciere, y que nadie la había encendido porque desde anoche que la encendieron ellos, no se había habierto la puer­ta hasta ahora que la habría el Mayordomo para que entrara el dicho Cura, y habiéndose hallado ahora encendida y con tanta abundancia de aceite como se veía se derramaba en el plato, habiéndole, de parte de noche echa­do una cuarta de aceite, que jamás llega a las doce de la noche y ansí, por lo dicho se entendió el dicho Milagro; y luego se fue este testigo a comer; a las voces que la multitud de gente daba volvió este testigo a la dicha Iglesia y vido como la Imagen de Nuestra Señora de la Concepción estaba el rostro de la Virgen mas inflamado que de antes, y lo vido unas gotas de agua e manera de sudor, como perlas, en el rostro a la mano y parte dere­chos de el dicho en abundancia; y vido como el Cura de San Andrés que acudió allí, que se dice Bartolomé de la Parra con unos corporales con que enjugaba el rostro de la Imagen, y vido este testigo como los dichos corpo­rales con que enjugaba el rostro de la Imagen de Nuestra Señora, después de haber enjugado el rostro y pasado a la Imagen por la cara, quedaban mojados, y ansí, parecía a este testigo y a los demás que allí estaban que lo vieron, y de el aceite de la dicha Lámpara la gente que allí estaban toma­ban en paños y se untaban los ojos y cara y la dicha Lámpara todavía llena de aceite; y ansí vido este testigo que de las gotas de sudor de el rostro de la Imagen les ponían los dichos Clérigos en la cara y ojos de los que allí estaban, y duró este dicho Milagro de el sudor y acéite de la Lámpara mas de una hora y media, y ansí, entiendo por lo dicho, coma por haber estado estas noches antes, tan junto de esta Villa tanta multitud de Moros, sin haber sido sentidos hasta que se embarcaron sin haber hecho daño a nin­guna persona, ni cautivado a nadie, habiendo venido tres leguas por tie­rra y pasado por las casas de la Rambla, que con dicho este Milagro de Dios Nuestro Señor, nos quiso por intercesión de su Benditísima Madre, nos quiso escapar de tan mal poder, y por espertarnos el sueño y que le diésemos por ello gracias, nos lo mostró como dicho es, y este testigo vido y que esto es la verdad y lo que sabe por el juramento hecho, y que es de edad de cincuenta y cuatro años poco más o menos y firmólo.—Pedro de León Rosique.—Ante mi.—Jorge Escobar».

 

OCTAVA DECLARACION

Para la dicha información el Señor Alcalde Juan de Zamora Vivancos, tomó e recibió juramento en forma de derecho de Lucas Treviño, vecino de esta villa de el cual haciéndose cargo de el prometido decir verdad dijo, que lo que de ello es, que el Domingo pasado que se contaron diez y siete dias en el mes de Noviembre de el año de mil quinientos ochenta y cinco, ese día por la mañana hubo rebato al reír del alba y dijeron que habia venido un guarda de la Cueva de los Lobos, que habia dicho que habia sen­tido rumor, y ansí vino a dar aviso de ello, y se tocó la Campana del Casti­llo y la gente despertóy fué la gente de a pie y a caballo a la Mar y según dijeron los que a el dicho rebato fueron que vieron como siete Galeotas gruesas iban a la vuelta de Cope que es la banda de poniente de esta Villa, y ansí andando mirando la dicha gente que a el rebato fueron que habia hallado el rastro de los dichos Moros venia donde la dicha casa de los Lobos hasta la Cueva de el Plomo y de allí a la voquera adelante por junto a la sierra a la heredad del dicho Señor Alcalde Juan de Zamora y a las Moreras grandes y a la Torre de está en la dicha heredad y de allí vinieron por las tierras de Sepúlveda, a la Cruz de los Caminos que ba de esta Villa a la Rambla y de allí por la Rambla a el Camino de las Pedreras viejas a el Puerto de Piedra Malo; y ansí, según dijeron los que fueron a descubrir, que pasaba el rastro de los dichos Moros hasta Palazuelos al Vol, que dicen de el diablo y que el dicho rastro era tan grande que parecía muy bien haber por él más de quinientos hombres, y llegaron tan cerca esa dicha noche los dichos Moros, unos quinientos pasos de esta Villa sin ser senti­dos de alguna persona, y ansí se retiraron a hacer madrugada sin ser com- pelidos de persona alguna y todo este lugar estuvo y quedó escandalizado de haber visto rastro de gente tan grande y haber llegado tan cerca de esta Villa y no haber dado en ello que con grande facilidad se pudieron llevar tantos hombres y mujeres y niños; y ansí se salió de Misa después de ha­berla oído y estando ese dia comiendo oyó tañer la Campana de la Iglesia de Nuestra Señora de la Concepción; y fue éste testigo allá y halló que había mucha infinidad de gente, dando alarido y pidiendo a Dios perdón y alabando a Nuestra Señora la Virgen María, y vido este testigo como corría de la Lámpara que estaba y esta delante de la Imagen de la dicha Iglesia, vido que de ella salía abundancia de aceité y caía en el plato de la dicha Lámpara y se untaba y encendía algunas veces la dicha Lámpara y la lumbre de ella. Y el alarido de la gente era tanta y la gente tanta, que daban voces diciendo: que sudaba el rostro de la Imagen de Nuestra Se­ñora que está en el altar de la dicha Iglesia, y esto decían todos los que allí estaban cerca, y este testigo por ser viejo no pudo llegar a vello, pero fué muy público el dicho sudor de la dicha Imagen, y vido este testigo que estaban allí los dos curas de las Iglesias de esta Villa y el uno de ellos tomó en sus manos corporales y limpio el rostro de la dicha Imagen y decían que los había mojado en el dicho sudor; y mucha gente acudió a tomar de el dicho acéíte de la Lámpara para untar con él los ojos y cara y otras partes enfermas, y luego se hizo una procesión de todas las Cofradías y Cruces de la iglesia y fueron por las dichas iglesias hasta volver a la dicha Iglesia de Nuestra Señora de la Concepción donde había salido la dicha procesión, y sabe este testigo que fué grandísimo Milagro el que ese día Nuestro Señor obró con este pueblo habiendo llegado los moros tan cerca y no ha­bérselos llevado a todos; y que esto sabe y es la verdad por el juramento fecho. Y que es de edad de sesenta y seis años poco más o menos, y no firmó porque dijo no sabía; firmólo el Señor Alcalde, Juan de Zamora Vi­va neos.—Ante mí.—Jorge de Escobar.

 

NOVENA Y ULTIMA DECLARACION

El dicho Juan de Zamora, Alcalde Ordinario de esta villa y su término y jurisdicción, hizo comparecer ante mí a Rodrigo García de Escobar, de el cual se tomó e recibió juramento en forma de derecho e habiéndolo fecho y siendo preguntado por el caso dijo, que en diez y siete días de el mes de noviembre de este año pasado de mil quinientos ochenta y cinco años, Do­mingo de mañana, vinieron a dar aviso los guardas de la Cueva de los Lobos en que dijo: Que había oído gran rumor y que le pareció que era de mucha gente, y ansí tocáronla campana a rebato y la gente se levantó; y al rebato a él y con la gente de a pie y a caballo que se pudo juntar fueron a la vuel­ta de la mar hasta de los dichos Guardias habían dicho habían sentido el rumor y como allí llegaron vieron según se dijo, a siete Vageles de remos gruesos a la buelta de poniente hasta Cope, y andando mirando por las costas junto a el Vol que dicen del Rinconcito de Piedra Mala,, hallaron juellega de gente; y los que allí se hallaron se espantaron infinito; y ansí andando buscando vieron como iba el rastro y juellego casi a la falda de la Sierra de Piedra Mala y pasando cerca del Cabo de la Leonera, dieron en el camino que venía a la Cueva del Plano y de allí tomaron la voquera de la bereda de el Señor Alcalde y por la regadera alante se pusieron por la juellega, hasta la Olla de las Moreras de el dicho Señor Alcalde y a la Torre y de allí vinieron por la Rambla que viene de Lorca y Murcia a dar en el Bel de Susaña y a las Sierras de Andrés Sepúlveda, y por allí revocaba el rastro a una Cañada de Antonia Ardid a la Cruz que está sobre esta Villa, y la Rambla, Rabol de esta Villa, y el Camino Real abajo hasta pasar por las dichas casas de la Rambla y al pozo de el Ladrillar y a el Camino que va a las Pedreras Viejas y al Puerto de Piedra Mala; y ansí la gente toda quedó admirada de ver tan grande rastro como la gente había fecho, que bien parecía por la dicha juellega ser mucha cantidad de Moros de más de qui­nientos o seiscientos; y ansí admirados y espantados, se bolvieron a esta Villa dando gracias a Nuestro Señor de que tan grande peligro y perpetuo cautiverio les había escapado; y luego que se vino de ver los dichos rastros, se entraron en Misa, y este testigo, salidos, se puso a comer y acabado de comer oyó tocar la Campana de la iglesia de Nuestra Señora de la Concep­ción, Hospital de esta Villa, y la gente decía a voces que había Milagro en la dicha iglesia. Y ansí este testigo fue a la Puerta de allá y entró a la di­cha Iglesia donde halló infinidad de gente y los dos Curas de las iglesias de esta Villa dando grandes voces; y vido como la Lámpara que estaba y está en la dicha Capilla, que ardía, y vido este testigo que vertía en grande abundancia aceite y caía en el plato que estaba abajo de el cual muchas gentes tomaban para salug y se untaban los ojos y cara y partes enfermas; y este testigo hizo lo propio y luego al cabo de un rato de ir este testigo, vido en el rostro de la Imagen que en el altar de la dicha iglesia estaba, gotas de sudor en especial en el carrillo derecho de la dicha Imagen y ansí; empezaron a dar grandes alaridos alabando a Nuestro Señor por las merce­des que a esta Villa había fecho en nos librar de tan mal poder y mostrar­nos perfectamente que su Divina Majestad lo había fecho, por intercesión de su Benditísima Madre Señora Nuestra la Virgen María, y ansí nos lo quiso mostrar este dicho día porque no pudo ser menos si no es Milagro pues habiendo llegado esta noche quinientos Turcos enemigos de nuestra Santa Fe Católica tan cerca de esta Villa, que no estuvieron quinientos pasos de ella sin haber sido sentidos de persona alguna y pasado por el me­dio de las casas de la Rambla donde pudieron torcer y cautivar gentes, no lo hicieron y haber venido dos leguas y media hasta la Villa y otra legua desde allá, hasta donde se embarcaron sin haber hecho mal alguno, antes sí ¡han dejado de las municiones y cosas suyas que llevaban! y a lo pareció iban los dichos moros huyendo y ansí pareció por haber encontrado en el camino que hicieron las piedras muy grandes movidas de un lugar gran tre­cho; y vido este testigo en la dicha Iglesia que el Cura del señor San An­drés, que es el Padre Parra tomó unos corporales y limpió el rostro de la dicha Imagen de Nuestra Señora de la Concepción, y cuando iba limpian­do el rostro de la dicha Imágen, quedaron los corporales mojados de él; este testigo y los demás que allí estaban que eran grande número de gente, quedaron satisfechos que era sudor lo que la dicha Imagen tenía y er ver­dadero Milagro y ansí se juntó mucha gente y se hizo una solemne proce­sión que salió de, la dicha Iglesia de la Concepción y se fue a las iglesias parroquiales con las cruces y Cofradías de esta Villa y clérigos, dando gran­des alabanzas a Dios Nuestro Señor por tantas mercedes como en esta Villa Su Majestad había tenido esta mañana y volvió dicha procesión hasta la dicha Iglesia de la Concepción, y sabe este testigo que en este dicho día diecisiete de noviembre fue el día de lo dicho y el Milagro tan grande que tiene obligación esta Villa y todos os vecinos de ella a olgar y no trabajar este día y dar infinitas gracias a Nuestro Señor y su Madre Santísima, por tantas mercedes y hacer a el Santo del día gran fiesta; y que esto es la verdad de lo que sabe, para el juramento fecho; y que es de edad de cua­renta años poco más o menos; no firmó porque dijo no sabía. Firmó el dicho señor Alcalde, juan de Zamora Vivancos.—Ante mí, Jorge de Escobar.

 

AUTO.—Y luego el dicho Señor Alcalde dijo; que certificaba a todos los señores que esto vieron que lo susodicho por los testigos en esta infor­mación es ansí por sus deposiciones y por su Merced haberse hallado pre­sente a todo lo que dicho es, según que aquí se contiene, y que a los dichos y deposiciones de los dichos testigos se debe y se puede dar entera fe y crédito; y que a ello interponía y interpuso su autoridad y decreto ju­dicial, tanto cuanto ha lugar en derecho y firmolo.—Juan de Zamora Vi­vancos.—Ante mi.—Jorge de Escobar».

ALONSO, Serafín (1974): Notas para la historia de Mazarrón. Excmo. Ayuntamiento de Mazarrón.